La militarización no es la respuesta

En tiempos de creciente incertidumbre y violencia, el gobierno de Morena ha decidido proponer la militarización de la Guardia Nacional, una decisión que no solo es preocupante, sino que también pone en riesgo los valores democráticos que tanto han costado a nuestro país y los derechos fundamentales de todos los ciudadanos. Esta propuesta nos invita a reflexionar sobre el rumbo que está tomando nuestra nación y a reconocer la importancia de las fuerzas políticas que han mantenido una postura firme, sin doblarse ante el poder. Es un momento crucial para reafirmar nuestro compromiso con la democracia y la justicia.

La historia nos ha enseñado que la militarización de las fuerzas de seguridad no es la solución a los problemas de inseguridad que enfrentamos. A lo largo de los años, hemos visto cómo este enfoque ha fallado en proporcionar la seguridad deseada; en lugar de generar confianza en la población, puede acentuar el miedo y la desconfianza hacia las autoridades. La ciudadanía necesita un cuerpo de seguridad que actúe con profesionalismo, sensibilidad y un profundo respeto a los derechos humanos. No podemos permitir que nuestras calles se conviertan en un campo militar, donde un ejército, aunque bien intencionado, puede no estar preparado para abordar las complejidades del orden civil y las realidades cotidianas de la vida urbana.

Las causas de la inseguridad son profundas y multifacéticas, y van más allá de la simple presencia de fuerzas armadas en las calles. Factores como la falta de oportunidades, la desigualdad social, la pobreza y la falta de acceso a una educación de calidad son elementos que alimentan este problema. Por lo tanto, en lugar de seguir el camino de la militarización, es fundamental invertir en soluciones que atiendan estas causas estructurales. Solo a través de la atención a la educación, la salud y el empleo, podremos construir un futuro más seguro y prometedor para todos los mexicanos.

La militarización es un camino que erosiona nuestra democracia y la confianza en las instituciones que deben protegernos. Es una ruta que, en lugar de fortalecer a la sociedad, la debilita, generando un ambiente de desconfianza y temor.

Hoy, más que nunca, debemos mantenernos vigilantes y activos en la defensa de nuestros derechos y libertades. La participación activa de la ciudadanía y de la oposición firme y decidida es esencial para construir un México donde la paz se logre a través del respeto, el diálogo y una verdadera justicia social. Este es el momento de alzar la voz y defender el tipo de país que queremos ser: un lugar donde todos, sin excepción, puedan vivir con dignidad y seguridad.