El devastador paso del huracán John sobre Acapulco ha dejado a la ciudad y a su gente en una situación crítica. Los estragos de este fenómeno natural han afectado profundamente la infraestructura, la economía y, sobre todo, el bienestar de miles de familias acapulqueñas. Ante esta tragedia, una frase que ha ganado tracción en redes sociales es el amargo “Disfruten lo votado”, como una especie de castigo social a los ciudadanos de Acapulco por haber optado en las urnas por un gobierno de Morena. Sin embargo, este discurso no solo es injusto, sino que también distorsiona lo que verdaderamente necesita México en estos momentos: unión y solidaridad.
México nunca ha sido indiferente ante las tragedias. Nuestra historia está llena de ejemplos donde, ante los embates de la naturaleza o las crisis, el pueblo ha respondido con empatía, tendiendo una mano a quienes más lo necesitan, sin importar el color político o las decisiones electorales. Descalificar a quienes sufren, simplemente porque votaron de una manera u otra, es faltar a uno de los principios más nobles de nuestro carácter como sociedad.
Es completamente legítimo sentir indignación ante la falta de responsabilidad del gobierno de Morena en sus tres niveles. Morena debió haber aprendido del desastre que dejó el huracán Otis y estar preparado para enfrentar una crisis como la de ahora, pero su incapacidad y negligencia son evidentes. Han fallado una y otra vez, dejando a Acapulco desamparado. La tragedia actual no es solo consecuencia del huracán, sino del desgobierno que ha permitido el abandono de la ciudad. Lo que no podemos hacer es culpar a los votantes acapulqueños. Ellos confiaron en un proyecto que prometió cambio y no cumplió. El verdadero culpable es el gobierno, que, con su inacción, ha traicionado a quienes lo eligieron.
La crítica debe dirigirse al gobierno de Morena, no al pueblo de Acapulco. ¿Dónde está el gobierno cuando se le necesita? ¿Dónde están los fondos que deberían destinarse a la atención de emergencias? La desaparición del FONDEN (Fondo de Desastres Naturales) es una de las decisiones más lamentables del actual gobierno. Ese fondo fue, durante años, la herramienta que permitía una respuesta rápida y efectiva ante desastres. Durante los tiempos del PRI, con todos sus defectos, se podía confiar en que cuando llegaba una crisis, el FONDEN se activaba de inmediato. Hoy, en cambio, lo que vemos es abandono y falta de previsión.
Es imperativo cuestionar la falta de acción de Morena. Su incapacidad para prever y gestionar crisis de esta magnitud es la raíz del problema. Han vaciado el FONDEN, debilitando la infraestructura que antes protegía a las zonas más vulnerables del país. Esa diferencia es clave: antes, había una estructura que respondía. Ahora, Acapulco está sumido en el abandono.
Es momento de unirnos como nación, de recordarle al gobierno su responsabilidad, y de apoyar al pueblo de Acapulco. Necesitamos soluciones reales, una gestión eficiente y, sobre todo, recuperar los mecanismos que alguna vez protegieron a México ante desastres naturales. No debemos castigar a los votantes, sino exigir que el gobierno haga su trabajo.
México es más grande que sus diferencias políticas. Acapulco nos necesita a todos, y es hora de demostrar, una vez más, que nuestra fuerza está en la solidaridad.

