Lo que hizo Claudia Sheinbaum en Poza Rica es inaceptable. Un ciudadano le exigía apoyo, le pedía respuestas, le reclamaba como tiene derecho a hacerlo cualquier mexicano frente a la autoridad. ¿Y qué hizo la presidenta? Lo calló.
En un país golpeado por la tragedia, eso duele más que cualquier palabra.
Hoy Veracruz, Puebla, Hidalgo, San Luis Potosí y Querétaro están viviendo una emergencia brutal. Hay 139 municipios afectados, más de 34 mil viviendas dañadas, familias enteras que lo han perdido todo. Y lo que reciben del gobierno es silencio, frialdad y soberbia.
Callar al pueblo no es un gesto menor. Es una muestra de cómo entienden el poder. No como una responsabilidad pública, sino como una posición de control, de imposición, de castigo. Lo entienden como una licencia para abusar, para ordenar, para aplastar. Lo vemos todos los días. MORENA usa el poder para callar a quienes piensan distinto, para humillar a quienes se atreven a levantar la voz, para perseguir a quienes denuncian la corrupción y los abusos de quienes hoy mandan. Y eso no es gobernar. Eso es someter. Eso es traicionar a la democracia.
Los gobiernos de MORENA han demostrado una y otra vez que no saben estar con la gente en los momentos difíciles. Prefieren esconderse antes que dar la cara. Les cuesta caminar las calles cuando no hay aplausos. Pero el dolor no se puede ignorar. Y mucho menos se puede mandar a callar.
Qué distinto era con los gobiernos del PRI. Cuando hubo desastres naturales, ahí estaba el presidente Peña Nieto recorriendo las zonas afectadas, hablando con la gente, llevando soluciones. Ahí estaba Fidel Herrera en Veracruz, siempre firme y presente. Ahí estuvo Alito Moreno en Campeche, actuando rápido, con carácter y sin pretextos.
Eso es vocación de servicio. Eso es cercanía real. Eso es lo que no tiene, ni por asomo, el gobierno de MORENA.
Cuando el pueblo habla, un gobierno que se dice democrático debe escuchar. Cuando el reclamo es legítimo, se responde con acciones, no con silencios incómodos. Y cuando el país atraviesa una emergencia como la que viven hoy cientos de comunidades, el deber más básico de quien gobierna es estar ahí. Presente. Sin excusas. Sin rodeos.
Lo que Claudia Sheinbaum hizo en Poza Rica no fue un desliz. Es una señal preocupante de cómo piensa ejercer el poder. Y por eso hay que decirlo con todas sus letras. México no necesita una presidenta que mande a callar al pueblo. Necesita una que escuche. Una que actúe. Una que gobierne para todos, incluso para quienes le incomodan.

