El PRI no le tiene miedo al poder

Hoy en México no toda la oposición es lo mismo. Y ese es el punto que muchos todavía no terminan de entender.

Hay partidos que han decidido instalarse en la tibieza. Miden cada palabra, evitan confrontar y prefieren sobrevivir políticamente antes que asumir el costo de defender al país. Actúan con miedo cuando lo que se necesita es firmeza. Y en el fondo, terminan siendo una oposición cómoda… y sí, también cobarde.

Y luego está el PRI.

No como parte de esa inercia, sino como ruptura de ella.

Porque mientras otros siguen haciendo cálculos para salvar la marca, aunque eso implique ceder terreno a MORENA todos los días, el PRI tomó una decisión distinta. Enfrentar. Señalar. Marcar límites. Porque en el momento que vive México, callar no es prudencia, es rendición.

Y esa diferencia pesa.

Quienes hoy apuestan por no incomodar podrán hacer crecer su marca. Podrán seguir existiendo en el papel. Pero con esas decisiones la democracia se debilita, las reglas dejan de ser parejas y, llegado el momento, de nada les va a servir tener partido. Serán un membrete sin poder real. Partidos de utilería, diseñados para no estorbar.

El PRI entendió ese riesgo antes que otros.

Por eso decidió no jugar a la simulación. Porque para tiempos difíciles no sirven los tibios, no alcanzan los miedosos y estorban los que no están dispuestos a dar la cara. Se necesitan partidos que se planten. Y esa definición es la que hoy lo está colocando como el eje real de la oposición.

El liderazgo de Alejandro Moreno ha sido determinante para trazar esa ruta. Ha optado por la confrontación política abierta cuando otros eligieron la comodidad. Y hay que decirlo con claridad. Enfrentar al poder no es sencillo. No es discurso, es una decisión de vida que implica sacrificio, costo y la capacidad de resistir presión constante.

Porque el poder no se queda de brazos cruzados. El poder utiliza todas sus herramientas para intentar aplastar, desacreditar y desgastar a quienes deciden cuestionarlo.

Y aun frente a eso, mantenerse firme es lo que marca la diferencia.

Esa no es solo una característica personal. Es lo que hoy define al PRI. Un partido que decidió no doblarse, que entendió el tamaño del momento y que asumió el costo de ser oposición real cuando otros eligieron ser espectadores.

Pero hay algo todavía más importante.

El PRI no solo confronta. Sabe gobernar.

Se le puede cuestionar, se le puede criticar, pero hay un hecho que permanece. Tiene experiencia, tiene oficio y tiene cuadros que conocen el Estado y saben cómo operarlo. En un país con problemas complejos, eso no es un detalle. Es una ventaja.

Porque oponerse es sencillo. Lo difícil es estar listo para hacerse cargo.

Y cuando el país entra en momentos decisivos, la diferencia no la marcan los discursos, la marcan quienes tienen carácter, experiencia y la determinación para sostenerse.

La política no premia a los que se esconden, premia a los que resisten, a los que enfrentan, a los que se hacen cargo.

Y hoy, ese lugar ya está ocupado.

Lo ocupa el PRI.