La firma del acuerdo priista en el Senado para votar en bloque en contra del Plan B de MORENA es una de las más importantes definiciones políticas en uno de los momentos más delicados para la vida democrática del país.
Cuando se tocan las reglas electorales y el equilibrio entre poderes, no hay espacio para cálculos pequeños. Por eso la bancada del PRI decidió dejar constancia por escrito de su postura. Unidad total. Compromiso público. Sin margen para dudas ni especulaciones.
Lo que está en juego es evidente. MORENA quiere empujar una reforma que concentra poder, debilita contrapesos y acomoda las reglas a su favor desde el gobierno. No es la primera vez que lo intenta. Ya hemos visto esa lógica. Más control desde el centro, menos equilibrio institucional y más presión sobre las autoridades electorales. Esa es la ruta que están marcando.
Frente a ese escenario, el PRI respondió cerrando filas. No con discursos vacíos, sino con una decisión formal que blinda su voto y envía un mensaje firme. Aquí no se negocian las reglas democráticas. Aquí se defienden.
Cada día toma más sentido la frase de Alejandro Moreno. Los priistas somos los defensores de México. No como consigna de campaña, sino como práctica política cotidiana. Defender a México implica actuar cuando el poder intenta imponerse sin límites.
MORENA quiere imponer control. El PRI decidió poner un límite.
Una vez más, el PRI actuó con claridad, con unidad y con la determinación de proteger la República, la legalidad y el derecho de los mexicanos a vivir en una democracia fuerte. El lado correcto de la historia lo están escribiendo los priistas.
