MORENA quería al Estado en campaña. Así, sin pudor. Con todo el aparato del poder metido hasta la cocina en la elección.
El PRI fue el primer partido en fijar una postura absoluta en contra. Sin titubeos. Porque la jugada era evidente. Borrar la línea entre partido y gobierno. Usar cada oficina pública para llegar con ventaja.
Ese era el famoso Plan B.
Empatar la revocación de mandato con la elección de 2027 para tener al gobierno de MORENA operando políticamente en plena contienda. Cargar la balanza desde antes de que arrancara el proceso. No era un detalle técnico. Era una maniobra para intervenir la elección desde el poder.
Y todo esto ocurre en un país donde no hay normalidad democrática. Donde el oficialismo presiona a las instituciones, desacredita a quien piensa distinto y busca doblar las reglas cuando no le acomodan. Ese es el contexto real.
Pero no les salió.
El intento de modificar el artículo 35 se frenó. La revocación de mandato no irá en 2027. Se mantiene en 2028, donde corresponde. Se cerró la puerta para que el poder se metiera directo en las urnas.
Sin la revocación metida en la elección, el llamado Plan B se queda en un cúmulo de parches sin fuerza real. Le quitaron la pieza que le daba sentido político. Ahora es apenas un intento descafeinado que perdió su objetivo central. Lo que querían era usar al Estado como plataforma electoral y sin esa palanca, el plan se desinfla.
Aquí lo que estaba en juego era la equidad. Que el gobierno no compita. Que la ciudadanía decida sin presiones y sin un aparato de Estado operando a favor de su propio partido.
Las y los Senadores del PRI votaron en contra y dieron la batalla hasta el final. Fue una definición clara sobre el tipo de democracia que merece México. Reglas parejas. Piso parejo.
El Plan A se cayó y el Plan B perdió su pieza clave. La intención de meter al gobierno de lleno en el proceso electoral fue contenida.
Y eso importa. Porque cuando el poder busca cambiar las reglas para quedarse en el poder, lo que está en riesgo no es una reforma, es la democracia misma. Esta vez se puso un límite. Se frenó una ventaja indebida. Se evitó que la elección naciera marcada.
Morena quiso jugar con todo el aparato del Estado de su lado. Iban por todo y se quedaron sin lo único que querían.
