Alito, El Gran Opositor

El régimen lleva años empecinado en acabar con Alito Moreno. Lo han perseguido, amenazado, difamado y han utilizado todo el aparato del poder para intentar sacarlo del camino. Querían aislarlo y debilitarlo. El resultado fue otro. Cada ataque confirmó que es uno de los políticos que más incomoda al poder y consolidó su lugar como el principal opositor al régimen.

Alito decidió enfrentar al poder cuando muchos prefirieron guardar silencio, acomodarse o calcular qué les convenía. Ha pagado costos personales y políticos por sostener esa posición, pero también ha demostrado algo que en política cuenta mucho. Nunca lo han podido doblar. Mientras más presión han ejercido sobre él, más visible se ha vuelto la diferencia entre quienes confrontan al régimen y quienes solamente administran su relación con él.

Justo ahí está el contraste con buena parte de la oposición. Mientras Alito ha asumido el costo de enfrentar al régimen, otros partidos han encontrado en el silencio una salida cómoda, en la prudencia una excusa y en la conveniencia una forma de sobrevivir políticamente. Han preferido cuidar espacios, evitar conflictos y no arriesgar demasiado. Esa actitud puede ser cómoda, pero deja vacío el lugar que debe ocupar una oposición firme.

También hay quienes piden retomar las formas, bajar el tono y volver a ser políticamente correctos. Quienes piensan así no están entendiendo el momento que vive México. Lo políticamente correcto funciona cuando la política se ejerce correctamente, cuando existen reglas, contrapesos, respeto a la ley y garantías para disentir. Pero cuando un régimen concentra su fuerza en debilitar la democracia, perseguir voces críticas, atacar periodistas, hostigar opositores y presionar a todo aquel que lo señale, esa normalidad democrática desaparece.

En una confrontación política de esta dimensión no basta con cuidar las formas. Se necesita valor para resistir, inteligencia para entender al adversario, estrategia para enfrentarlo, organización para sostenerse y disciplina para no perder el rumbo. Eso explica también por qué Alito ha crecido como figura opositora. Entendió que no se puede enfrentar a un régimen dispuesto a utilizar todo el poder comportándose como si México viviera una competencia democrática normal.

Quienes hemos caminado al lado de Alito Moreno sabemos lo que ha significado esta batalla. Hemos visto de cerca la persecución, la presión, los ataques y el costo personal de enfrentar al poder sin agachar la cabeza. Por eso estamos orgullosos de avanzar a su lado. Porque conocemos de primera mano lo que ha enfrentado, sabemos lo que ha costado y hemos visto con nuestros propios ojos la fortaleza con la que se ha mantenido firme. Esa lealtad no nace de la conveniencia ni de los cargos. Nace de haber comprobado, en los momentos más duros, que Alejandro Moreno no abandona a los suyos, no negocia sus convicciones y no retrocede cuando llegan las presiones. Estar con él significa compartir una convicción y mantenerse firme junto a alguien que sigue dando la pelea por México.

El régimen quiso convertir a Alito Moreno en un adversario derrotado y terminó haciéndolo políticamente más fuerte. Esa es la paradoja que hoy enfrentan. En su obsesión por destruirlo, ellos mismos consolidaron al opositor que querían desaparecer.

Alito Moreno tiene presente, pero sobre todo tiene futuro. Ha demostrado que puede resistir, organizar, confrontar y conducir en uno de los momentos más difíciles para la oposición en México. Los liderazgos que llegan lejos no se improvisan ni aparecen de la noche a la mañana, se construyen bajo presión, tomando decisiones difíciles y sosteniendo convicciones cuando hacerlo cuesta.

Ese recorrido ya acreditó carácter, experiencia y capacidad para encabezar grandes batallas. Por eso, mientras el régimen sigue obsesionado con frenarlo, cada día son más los que entienden que su historia política está lejos de haber llegado a su punto más alto. Lo que ha construido hasta hoy tiene peso propio, pero su futuro puede tener todavía una dimensión mucho mayor en la vida pública de México.